Introducción, bienvenida y reglamento del Blog (Importante)

Bienvenidos.
Este blog está hecho simplemente con el fin de compartir con mucho entusiasmo ideas, comentarios, conocimiento, información sobre temas de interés. ¿Qué temas?
El blog no estará restringido a un solo tema, aunque pasará sobre todo por filosofía/economía-política desde un punto de vista liberal/libertario. Periféricamente se tocarán diversos y distintos temas.
Si quieres expresar tu opinión lo podrás hacer con total libertad, compartir, discernir, discutir, plantear tu posición para formar un diálogo entre partes que conlleve a una discusión civilizada y sana. Pero también hay reglas:
Todas las críticas son aceptadas sin son respetuosas, con entusiasmo, con base argumentativa y si no son críticas personales, sin embargo, cualquier comentario que contenga groserías, insultos, absurdos errores ortográficos o simplemente presente una actitud de "troll" será eliminado inmediatamente. Por favor, intentemos mantener una actitud de personas civilizadas. Si no resistes las ideas que se defienden acá, si no resistes insultar y mantener la joda, puedes hacerlo donde te aguanten, o en tu propio blog, ACÁ NO!.
Si quieres participar publicando entradas en el blog, puedes enviar tus aportes al correo: recibiendoideas@gmail.com
Bueno, bienvenidos a "Naturaleza e ideas". Y que se arme el debate!.

jueves, 9 de octubre de 2014

Inflación: un asalto encubierto


La inflación se conoce erróneamente como “un aumento generalizado de los precios”. Esta definición, aunque en parte acertada, carece de sustento teórico y de causalidad. La inflación es un aumento de la masa monetaria (dinero) en el mercado por parte de los bancos centrales por orden del gobierno. Esto es, al inyectarse más dinero en el mercado sin respaldo de riqueza de bienes reales en la economía, va a tener como consecuencia una tendencia general hacia la subida de los precios. Por lo tanto, el aumento de los precios es una consecuencia del aumento de la masa monetaria (inflación) y no su causa. Generalmente, se confunde la causa con el efecto. Esta confusión puede llegar a traer consecuencias poco deseadas por parte de políticos, ya que deciden enfrentar la inflación atacando sus efectos (subida de precios) y no sus causas (impresión de billetes y monedas), ¿cómo?, pues con la medida que a los políticos demagogos se les ocurre, una medida populista: control de precios. Venezuela hoy es el mejor ejemplo de esto. Con una inflación de más del 50% al año (una barbaridad), al soberbio intelectual de Maduro se le ocurre establecer la brillante ley de “precios justos” para combatir la inflación. Ahora pregúntense por qué el desabastecimiento en aquél país.

Vemos cómo una simple confusión teórica lleva a consecuencias no previstas por ignorarlas al intentar resolverlas.

Ahora veamos por qué la definición inicial carece de sustento teórico. El decir “aumento generalizado de precios” es una definición estática y equilibrista. Esta definición crea una falsa imagen de que absolutamente todos los precios suben y bajan al unísono. Esto no es así, pues el dinero nuevo que entra en circulación impacta primero sobre unos precios que sobre otros; y no es sino hasta que se va esparciendo por todo el intersticio social que los precios se van igualando al alza. Por tanto, no es un aumento generalizado de los precios, sino un aumento de la estructura relativa de los precios (unos suben más que otros), lo cual es muy perjudicial para la economía, pues distorsiona la estructura de los precios, que son la señal esencial del mercado, y por ende, distorsiona la asignación de recursos. Por ejemplo, imaginemos que el banco central imprime 100.000 dólares, los cuales se destinan a la construcción de un hospital. Los contratistas y los trabajadores de éste hospital reciben este dinero de nueva creación, el cual se lo gastan en X bien o servicio; ése servicio en el cual se gastaron el dinero va a aumentar de precio pues recibió el nuevo dinero, además de haber aumentado su demanda; y esas personas que ahora tienen el dinero en su posesión lo gastarán en distintos bienes, y así sucesivamente el dinero se va esparciendo por la sociedad mientras que los bienes que van recibiendo el impacto del nuevo dinero irán aumentando paulatinamente su precio.

Hay otro punto relevante. Teniendo en cuenta (que quede claro), que la inflación es exógena al mercado, es que si los precios se elevaran de forma general o uniforme, no habría problema con la inflación en cuanto al deterioro en la relación precios-ingresos, por ejemplo, si los salarios (siendo un precio) suben, digamos un 30%, y el resto de los precios lo hacen al mismo ritmo, no hay problemas en términos de contabilidad, no habría un gran distorsionamiento en la estructura productiva. La mala noticia para los teóricos inflacionistas es que tal cosa no sucede.

Otra forma en la que se genera inflación es por medio de un contrato muy especial que adquirieron los bancos por parte de los gobiernos: la reserva fraccional. Esta es, que al depositar dinero en un banco, éste tiene la posibilidad (y la obligación) de guardar sólo un pequeño porcentaje del dinero depositado, pudiendo prestar el resto. Vemos primero que aquí se creó dinero de la nada y hay una situación de doble disponibilidad, básicamente el dinero se ha multiplicado instantáneamente. Para ponerlo en términos más ilustrativos imaginemos esto: tu guardas 10.000 dólares en el banco, éste en vez de guardarlo todo, solo está obligado guardar un 2% (200 dólares) y prestar el resto (9.800 dólares); esta persona que recibió en forma de préstamo esos 9.800 se lo gasta, digamos en un automóvil; el vendedor del automóvil deposita esos 9.800 que recibió en el banco, banco que nuevamente repite el proceso, guarda el 2% (196 dólares) y presta el resto, en un proceso que se podrá repetir hasta 50 veces. En este ejemplo, con una base de 10.000 dólares se llegaría a expandir la oferta monetaria hasta 500.000 dólares. Este proceso se conoce como expansión crediticia.


En resumen, para terminar de entender en qué consiste la inflación, hay que enfatizar en una distinción muy importante: qué es dinero y qué es riqueza. El dinero es un medio de intercambio común y generalmente aceptado, es un medio para intercambiar unos bienes por otros. La riqueza, sin embargo, son bienes y servicios materiales que se pueden intercambiar con el dinero (autos, casas, teléfonos móviles, TVs etc.). El dinero no se guarda porque el papel sea muy bonito, sino que lo guardamos por los bienes que podemos obtener a cambio de ese dinero. En consecuencia, no importa cuánto dinero impriman los bancos centrales, tampoco importa si de repente nuestro presidente de turno en un acto de benevolencia nos regala a todos los ciudadanos del país 50.000 dólares, por ejemplo, eso no es enriquecer la sociedad si no ha aumentado la producción de bienes, lo que habrá será inflación. De esta manera, si se aumenta la cantidad de dinero, disminuye el poder de compra de la unidad monetaria, y también reduce la cantidad de bienes que se pueden obtener con cada unidad de dinero. Esto es lo que significa el poder adquisitivo del dinero. Por ejemplo: supongamos que hay 100 panes y 100 dólares en el mercado, esto quiere decir que cada pan vale 1 dólar. Si llega el gobierno e imprime 100 dólares más y los pone a circular en el mercado, cada pan subirá su precio a 2 dólares. La cantidad de panes no aumentó, por lo tanto no hay más riqueza, lo que aumentó fueron los billetes a mayor ritmo que la creación de panes. Ahora no solo no hay más riqueza, sino que, por el contrario, hay más pobreza, pues una persona que trabajó arduamente y su recompensa fueron 5 dólares, antes podía comprar 5 panes con esos 5 dólares, ahora puede comprar sólo 2 y medio. Disminuyó su poder adquisitivo. El dinero puede funcionar sólo en la medida en que representa los bienes de verdad y, a un cierto nivel de inflación de la oferta monetaria, el gobierno comienza a consumir el capital de inversión de una nación, haciendo así imposible la producción.

Bueno, el robo que supone la inflación es tan sutil y parece tan imperceptible que casi nadie se da cuenta de la estafa que supone. Esto es porque todos hemos estado acostumbrados a vivir en un entorno inflacionario, hemos automatizado y aceptado pasivamente que los bienes y servicios que necesitamos diariamente aumenten paulatinamente su precio y lo peor es que los bancos nos amarran a este flagelo que hace que nuestro dinero se derrita como hielo succionando nuestro poder adquisitivo. No hay estafadores privados ni ladrones de bancos en todo el curso de la historia que hayan saqueado los ahorros del pueblo en una escala comparable al saqueo perpetrado por las políticas fiscales e inflacionistas de los gobiernos estatistas. Por esto la inflación es un atraco encubierto.

Ahora veamos algunas consideraciones complementarias, consecuencias periféricas (y no por ello menos importantes) de la inflación, para entender a mayor detalle por qué es un asalto.

A menudo se afirma que atribuir la inflación exclusivamente a un aumento en el volumen de dinero es una “excesiva simplificación”. Esto puede ser cierto. Hay que tener en cuenta muchas precisiones. Por ejemplo, debe pensarse que la “oferta monetaria” incluye no sólo el suministro de los billetes que pasan de mano en mano, sino la oferta de crédito bancario, especialmente en los Estados Unidos, donde la mayoría de los pagos se efectúan mediante cheque.

También es una simplificación excesiva decir que el valor del dólar individual depende simplemente de la actual oferta de dólares pendientes de pago. Depende también del suministro futuro esperado de dólares. Si la mayoría de la gente teme, por ejemplo, que la oferta de dólares vaya a ser aún mayor dentro de un año, entonces el valor actual del dólar (medido por su poder de compra) será inferior a lo que la presente cantidad de dólares indicaría.

Los políticos a menudo hablan de inflación como si se tratara de alguna horrible aparición del más allá, sobre la que no tienen control.

Una vez más, el valor de cualquier unidad monetaria, como el dólar, no sólo depende de la cantidad de dólares, sino de su calidad. Cuando un país se retira del sistema del patrón oro, significa en la práctica que el oro, o el derecho a reclamar oro, de repente se convierte en un mero papel. El valor de la unidad monetaria, por lo tanto, cae por lo general de inmediato, incluso aún si no ha habido aún ningún incremento en la cantidad de dinero. Esto se debe a que la gente tiene más fe en el oro que en las promesas, o en el criterio, de quienes manejan los asuntos monetarios del gobierno. Difícilmente se puede encontrar un caso en toda la historia, en el que el retiro sistema del patrón oro no haya sido prontamente seguido por un aumento en el crédito bancario y en la cantidad de dinero recién salido de la imprenta.

En resumen, el valor del dinero varía básicamente por las mismas razones por las que varía el valor de cualquier mercancía. Así como el valor de un bulto de trigo depende no sólo de la oferta de trigo total actual sino en la oferta futura esperada y en la calidad del trigo, así también el valor de la moneda depende de una variedad similar de consideraciones. El valor del dinero, igual que el valor de los bienes, no está determinado únicamente por relaciones mecánicas o físicas, sino primordialmente por factores psicológicos que a menudo pueden ser complicados.

Cuando se estudian las causas y la cura de la inflación, una cosa es encontrar complicaciones reales y otra muy distinta es involucrarse en, o dejarse engañar por complicaciones innecesarias o inexistentes.

Por ejemplo, se dice con frecuencia que el valor del dinero no sólo depende de la cantidad de billetes, sino de su “velocidad de circulación”. Una “velocidad de circulación” aumentada, no es, sin embargo, motivo de caída en el valor de la moneda; es realmente una de las consecuencias del temor a una baja en el valor de la moneda (o, para decirlo a la inversa, de la creencia de que habrá un aumento en el precio de las mercancías). Es esta creencia la que impulsa a la gente a cambiar el dinero de papel por mercancías. La insistencia de algunos autores sobre la “velocidad de circulación” es sólo otro ejemplo del error de sustituir razones psicológicas reales por razones mecánicas dudosas.

  • -    El anterior argumento es extraído del libro “Lo que usted debe saber acerca de la inflación” de Henry Hazlitt



Luego está lo que llaman “presiones inflacionistas”, en especial la llamada “espiral de precios y salarios” acosada siempre por los sindicatos para elevar artificialmente los salarios de los trabajadores, para lo cual necesitan un entorno inflacionario para que no queden en evidencia. Por lo que si este aumento no está precedido o seguido de un rápido aumento de la oferta monetaria, un aumento de los salarios por encima del “nivel de equilibrio” no sería motivo de inflación, sino que se limitaría a causar desempleo. Y un aumento de los precios, sin un aumento de dinero en efectivo en los bolsillos de la gente no hará sino provocar una caída en las ventas. El aumento de salarios y precios, para abreviar, es generalmente consecuencia de la inflación. Pueden causarlo pero sólo en la medida que presionan un aumento en la oferta de dinero.

Pero es que además la inflación produce que unos ganen a costa de que otros pierdan, ¿cómo? Lo que sucede es que el nuevo dinero inyectado en el sistema llega primero a unos pocos, al gobierno y/o a sus secuaces quienes salen ganando al poder comprar a precios antiguos al impacto inflacionario. Una vez que ya han adquirido esos bienes (a precios viejos), éstos subirán su precio para el resto de la población. El gobierno entonces, gasta primero el dinero comprando bienes y servicios producidos por los ciudadanos a los precios existentes antes de la inflación, mientras los ciudadanos comunes y corrientes se verán enfrentados al hecho de que, cuando vayan a comprar, podrán adquirir muchos menos bienes y servicios, puesto que los precios habrán aumentado disminuyendo así el valor del dinero en su poder. Por eso se dice que la inflación es un impuesto encubierto, pues implica una transferencia de riqueza (bienes y servicios) desde la población al gobierno y los grupos de interés asociados a él. Pero este engaño no termina ahí. Dado que el ancla final del sistema bancario son los bancos centrales y éstos incrementan la masa monetaria inyectando liquidez a través de los bancos, la élite financiera, que es la primera en disponer del nuevo dinero junto con los contratistas del gobierno y el gobierno mismo, también tiene la ventaja de poder reclamar bienes y servicios producidos en la economía a precios preinflacionarios. Como resultado, el gobierno, a través de la manipulación monetaria, ha enriquecido ilegítimamente aún más a una pequeña élite en perjuicio del resto de la población. Sobre esto Mises dice:

"Para evitar ser acusado de las nefastas consecuencias de la inflación, el gobierno y sus secuaces recurren a un truco semántico. Tratan de cambiar el significado de los términos. Llaman “inflación” a la consecuencia inevitable de la inflación, es decir, al aumento en los precios. Ansían relegar al olvido el hecho de que este aumento se produce por un incremento en la cantidad de dinero y sustitutivos del dinero. Nunca mencionan este incremento. Atribuyen la responsabilidad del aumento del coste de la vida a los negocios. Es un caso clásico ejemplo del ladrón gritando “¡Al ladrón!” El gobierno, que produjo la inflación multiplicando la oferta de dinero, incrimina a los fabricantes y comerciantes y disfruta del papel de ser un defensor de los precios bajos."

Aun aceptando a efectos dialécticos de que todos recibiéramos el dinero de nueva creación al mismo tiempo, también serían unos pocos los beneficiados primero, pues es una imposibilidad metafísica que todos fuéramos a hacer las compras al mismo tiempo. Llegarán unos primeros y comprarán los productos más baratos, y a medida que se van efectuando las compras irán subiendo su precio. Por decirlo de alguna forma: los primeros de la fila se beneficiarán y entre más atrás de la fila estemos, más caros serán los productos cuando lleguemos a comprarlos.

La inflación impide que algunos precios en el mercado bajen. Un mayor aumento de la productividad en determinados bienes y servicios hace que aumente la cantidad y la calidad de esos bienes lo que conlleva a que bajen su precio. Si el aumento de la oferta monetaria (inflación) se mantuviera baja, o por lo menos menor al aumento de los bienes y servicios, se daría una tendencia a la baja de los precios. Se impide así a amplias capas de la población tomar parte en una porción justa de los incrementos de productividad y de una división del trabajo reforzada.

Hay que tener en cuenta que los recursos (naturales y no naturales) son escasos. El aumento de la oferta monetaria causa una ilusión, un auge artificial, una burbuja que conlleva a que se hagan inversiones innecesarias y erróneas. Pues cuando se detiene este auge, explota esta burbuja, estos errores de inversión quedan de manifiesto, lo que significa que se despilfarraron, se malutilizaron recursos y se agredió al medio ambiente innecesariamente. Con el agravante además de que si los recursos eran escasos antes, pues ahora después del auge más aún y, al ser más escasos aumenta su precio, como el de la energía, alimentos, y en general, todas las materias primas.

La inflación destruye el ahorro. A mayor grado de inflación, menos capacidad hay para ahorrar y generar capital acumulado pues disminuye el poder adquisitivo de la unidad monetaria tanto, que para tener un ahorro significativo, éste ahorro tiene que crecer a mayor velocidad que la inflación, lo cual en muchas ocasiones y para muchas personas esto se hace imposible. Esto es muy perjudicial para todos, pero especialmente para las personas más pobres, y para las personas de rentas fijas, como jubilados, por ejemplo, pues estos tienen menor renta disponible para ahorrar, su poca renta se la gastan casi inmediatamente. Se hace más difícil aun subir en la escala social y salir adelante. Una persona que tenga un bien de inversión activo, como un negocio, una industria etc., no se verá tan afectado pues al grado que aumentan los costes de producción puede aumentar el valor de los productos finales. Así que, en conclusión, la inflación es un antídoto perfecto contra el emprendimiento y la inversión, es una manera muy efectiva para generar pobreza, haciendo a los pobres más pobres y a muchos otros irse a la quiebra.

La inflación genera más endeudamiento. En un escenario donde hay una inflación muy alta se hace más preferible ser deudor que acreedor, pues al momento de devolver un préstamo el poder adquisitivo habrá disminuido de tal manera, que es como si se pagara menos de lo que se pidió prestado inicialmente. Si tenemos en cuenta que esto genera un efecto “bola de nieve” donde cada vez más y más gente se introduce en deudas y más deudas, hay más deudores y menos acreedores de donde endeudarse, la gente recurre además a pedir más créditos que genera todavía más inflación. Nos damos cuenta que nos hundimos en un hoyo negro, caemos en una espiral que derrumba la economía.

La inflación expande la burocracia estatal. Los ciudadanos reclaman que el estado “haga bien las cosas”. Se reclama al estado que intervenga y arregle las cosas. Los políticos aceptan encantados esta reclamación y pueden justificar sus posturas de este modo. Pero cada intervención genera más intervención estatal y crea un verdadero “matorral” de intervenciones. Al final, las regulaciones estatales penetran en la economía y la sociedad a tal grado,  que estrangulan en forma de multitud de leyes y regulaciones.

Creo que todos nos hemos dado cuenta del asalto encubierto que representa la inflación, sus causas y sus consecuencias nefastas. El dinero es demasiado importante para que quede en manos de políticos y gobernantes. La solución es eliminar el monopolio que tiene el gobierno sobre el dinero y dejar que el mercado lo autorregule, sólo de esa manera saldremos beneficiados de la esclavitud financiera en la que nos tienen los gobiernos y bancos centrales.
















  • ·         "Es difícil concebir algo más siniestro en materia monetaria que el monopolio político del dinero. Permite a las autoridades del gobierno expandir y depreciar el dinero de la gente y forzar a cada uno a aceptar el dinero por su valor impreso. Los deudores no necesitan pagar la totalidad de sus deudas, ya que las pueden cancelar entregando a cambio moneda de valor inferior, cometiendo así fraude a los acreedores. La legislación que otorga poder al gobierno para emitir dinero, obliga a cada persona a aceptar el monopolio del dinero para pagar sus deudas, públicas o privadas; hace posible al gobierno imponer tributos a la gente sin su previo consentimiento, y le permite vivir más allá de sus medios y nunca pagar sus deudas. Es un mecanismo de expropiación" Hans T. Senholz

  • ·         "La inflación, para resumir, es el aumento en los volúmenes de dinero y crédito bancario en relación con el volumen de bienes. Es perjudicial porque deprecia el valor de la unidad monetaria, eleva el costo de vida de todos, aplica lo que en la práctica es un impuesto a los más pobres (sin excepción) a una tasa tan alta como la de los más ricos, elimina el valor de ahorros anteriores, desalienta el ahorro futuro, redistribuye la riqueza y el ingreso en forma arbitraria, alienta y premia la especulación y los juegos de azar en detrimento del ahorro y del trabajo, socava la confianza en la justicia del sistema de libre empresa, y corrompe la moral pública y privada." Henry Hazlitt

  • ·         "La inflación, definida como una expansión de la oferta de dinero no respaldado, es un mal elemental, siempre y en cualquier parte en que ocurra." Murray Rothbard

  • ·         "El dinero es el factor más importante de una economía de mercado. El dinero lo creó la economía de mercado, no el gobierno. Fue producto del hecho de que la gente sustituyó paso a paso el intercambio directo por un medio común de intercambio. Si el gobierno destruye el dinero, no sólo destruye algo de extrema importancia para el sistema (los ahorros que la gente ha dejado aparte para invertir y ocuparse de sí mismo en alguna emergencia), también destruye el propio sistema. La política monetaria es el centro de la política económica. ¡Así que toda la palabrería acerca de mejorar condiciones, acerca de hacer a la gente próspera mediante la expansión del crédito, mediante inflación, es inútil!" Ludwing Von Mises

jueves, 2 de octubre de 2014

Si a la legalización de las drogas

El panorama para la legalización de las drogas parece distante, pero creo que de legalizarse, sería un avance gigante, una meta alcanzada en la lucha por la búsqueda de la libertad individual total. Pero para entender el por qué estoy a favor de la legalización, creo que primero es pertinente que se entienda quién es el principal protagonista de esta disyuntiva: el ser humano.

El ser humano no es una especie que nace con conocimiento automático de su entorno, la naturaleza no le provee de ese "conocimiento automático". Por ende, tiene que adquirir conocimiento por medio del uso de su capacidad cognitiva y su entendimiento con la realidad. La mente del hombre es su medio básico de supervivencia, su único medio de adquirir conocimiento, su única guía para la acción. Pero este conocimiento que va adquiriendo en el transcurso de su vida tampoco es necesariamente correcto, también es responsabilidad de cada individuo saber si esa información que adquirió lo está llevando al éxito o a la destrucción. Independientemente de qué camino ciego, estúpido o irracional decida seguir cada individuo el hecho persiste: que la mente es el medio de supervivencia del hombre, y que los hombres prosperan o fracasan, sobreviven o perecen, en proporción al grado de su racionalidad.

Dado que los hombres no son ni omniscientes ni infalibles, deben de ser libres de estar de acuerdo o no, de cooperar o de seguir cada uno su curso independiente, cada uno según su propio juicio; y nadie, ni ningún otro individuo, ni ningún grupo, sea cual sea su número, ni el estado, absolutamente nadie tiene el derecho a usurpar ese juicio. No hay excusa para que ninguna tribu le aplaste la cabeza a cualquier individuo en cualquier momento.

Cada hombre es una entidad independiente que posee un derecho inalienable a su propia vida, a su libertad, a la búsqueda de su propia felicidad, a su propiedad (empezando por su propio cuerpo) y ningún otro individuo o grupo tienen más derechos que otros. Como dice Ayn Rand: "cada persona es un fin en sí mismo, no un medio para el fin de otros". Por consiguiente, el requisito fundamental para que un individuo y una sociedad progresen es la libertad, dentro de un marco objetivo de los derechos individuales. Pero, ¿Cuál es el principio básico, esencial, el principio crucial que diferencia la libertad de la esclavitud? Es el principio de acción voluntaria, lo contrario de coacción física. La libertad, en un contexto político, tiene solamente un significado: la ausencia de coacción física.

El hombre tiene que ser libre de seguir su juicio y actuar en consecuencia, así sea que esto implique que se  quiera fumar un "cachito" de marihuana, masticar una hoja de coca o inyectarse heroína, por más que esté demostrado objetivamente lo perjudicial que sea injerir estas sustancias para la salud, el principio es el mismo: la libertad, cada quien se puede disponer de su propia vida como quiera y en el momento que quiera. La tarea del gobierno debería ser proteger los derechos de un individuo sólo cuando son violados por otro individuo, no es proteger al individuo de sí mismo. Tampoco ningún hombre tiene el derecho a iniciar el uso de la fuerza sobre otro; una pistola no es un argumento.

Si uno está a favor de la libertad, tiene que estar a favor de los derechos individuales del hombre; si está a favor de los derechos del individuo, ha de estar a favor de su derecho a su propia vida, a su propia libertad, a perseguir su propia felicidad. Pero si está a favor de estas medidas intervencionistas, está en contra de la vida, de la libertad, de su propia felicidad; está a favor de controles estatales en la vida privada de los ciudadanos; por lo tanto, es un dictador en potencia.

Entrando ya de lleno en materia, analizaré cada punto a favor y en contra de la legalización y si estos son válidos o no.

Hay algunos que argumentan que el consumo de drogas destroza la calidad de vida de una persona. Y aunque esto puede ser parcialmente acertado, hay que tener en cuenta que hay gran cantidad de casos en los que personas perfectamente normales y con calidad de vida ejemplar son consumidores activos de estas sustancias, puesto que atribuirle la culpa directamente al consumo de drogas como causante del destrozo de la vida de una persona (sin tener en cuenta otros factores que pueden afectarlo), me parece muy arriesgado y con alta carga de prejuicio. Porque si ante el hecho de que hay varias personas que la consumen y las consecuencias con respecto a este punto son opuestas en unos y otros, no hay ninguna justificación válida para inclinarse por una de las 2 consecuencias y tomarlas como un absoluto, es decir, como si a todos los que consumen les va a pasar lo mismo, siendo eso cierto por las mismas razones tendría que ser ilegal el alcohol. Por lo que este argumento se cancela a sí mismo.

El argumento de que genera adicción es refutable por el mismo motivo que el anteriormente expuesto. Es incluso a veces más adictivo el café. Además, no hace falta sino meterse a internet o ver televisión (como el programa TABÚ) para ver la cantidad de personas que se vuelven adictos a hasta la cosa más absurda que cabe concebir, por lo que de aceptar este argumento, tendríamos que irnos a vivir todos y cada uno de nosotros a una isla desierta en medio de la nada para que no haya nada a lo que potencialmente volvernos adictos. Otro argumento que cae por su propio peso.

Otra cosa es que estas medidas de intervención gubernamental sobre el consumo y su afán por “coordinar” la sociedad basándose en mandatos y reglamentos de tipo coactivo, producen unos efectos muy perjudiciales para todo el entramado social. Todo tipo de prohibición de una sustancia, ante la cual existe una demanda, detona el surgimiento de grupos criminales que responderán a ella sin importar los costos que conlleve la actividad. Básicamente se trata de una dinámica esencial de los sistemas económicos: en donde quiera que haya una demanda, se gestará un mecanismo para satisfacerla, así de fácil. Esto en relación a las drogas produce consecuencias desastrosas, que son las siguientes:

En primer lugar, aumenta el precio de la sustancia en cuestión porque aumenta el coste de producción de la determinada sustancia en el mercado (en el mercado negro en este caso), ya que para producirla los grupos ilegales tienes que filtrar los procesos de producción y distribución al margen de la ley. Ahora los que se quieran drogar tienen que comprar su dosis a un precio muchísimo más alto.

En segundo lugar, se produce un proceso de criminalización del proceso de producción, distribución y consumo de las drogas al tenerse que violar los procesos de la ley; por tanto, ¿Quiénes se pasan a ocupar ahora de producir y distribuir las sustancias? Aquellos más expertos en violar la ley, mafiosos y criminales. Además que esto pone a los consumidores en contacto directo con los grupos criminales, con el agravante antes mencionado del alto nivel del precio. Lo que conlleva a que esas bandas criminales que dominan el mercado de las drogas, al dominar artimañas para violar la ley, la venden al margen de la ley y a un precio elevadísimo, les produce enormes ganancias y cuantiosos beneficios monetarios. Lo que les permite además corromper el sistema, comprando políticos, jueces, matando a los que les estorban para preponderar en sus objetivos. Es que al legalizar el mercado de las drogas, reglamentándolo de acuerdo a criterios similares a los del alcohol, entonces estos grupos criminales son automáticamente neutralizados, pues quedan despojados de su mercado y por ende de los ingresos que les permiten operar.

La guerra contra el narcotráfico ha sido y es un flagelo que ha absorbido la sangre del mundo durante años. Logrando legalizar el cultivo, producción, distribución y consumo de las drogas eliminaríamos las arcas lucrativas de las mafias, lo que las despojaría de la capacidad de extender sus tentáculos ilegales por el intersticio social, disminuyendo a su vez la necesidad de que personas tengan que cometer algún acto ilegal como robar o incluso asesinar para clandestinamente conseguir una dosis de determinada droga a un alto costo; dosis que podrían conseguir sin matar y sin robar en un mercado liberalizado en cualquier tienda y mucho más barato.

Años de inmensos esfuerzos no lograron reducir ni la producción ni el consumo de drogas ilícitas, pues frente al fracaso de esta estrategia prohibicionista es urgente abrirle la puerta a estas políticas alternativas. Esto sería un gran golpe a la infructuosa guerra contra el narcotráfico, guerra que atacándola directamente jamás se conseguirá acabar, pero con la legalización, seguro que la eliminaríamos completamente. Y con mafiosos sin dinero, ningún sicario podrán contratar, ningún arma podrán conseguir, ningún juez, político o policía podrán chantajear, por consiguiente, más paz. Además, ¿Cuánto dinero de nuestro bolsillo mal gastan los gobernantes en esta estúpida supuesta "guerra contra las drogas"?

Pero es que además resulta, que estos mafiosos no pueden recurrir a los tribunales de justicia para redimir sus conflictos como cualquier ciudadano. No puede llegar un mafioso a reclamar ante un juez a que lo indemnice porque su competidor mafioso está repartiendo cocaína en un sitio que no le corresponde porque no lo estipularon así en un contrato, como se hace con cualquier venta de algún bien y servicio. Por lo tanto, ¿A qué recurre el mafioso en esta situación ante la ausencia de una alternativa por la vía legal? Pues recurre al tiro, a la violencia, a desplazar por la fuerza a sus competidores para preponderar en el dominio territorial y corporativo de su entramado criminal y dictatorial, sumidos en una ilusión de poder. Esto no pasa con competidores de cualquier otro producto legal ¿verdad? En un mercado libre se compite ofreciendo el mejor producto al menor precio posible, y no asesinando a tus competidores.

En consecuencia, vemos que estas medidas producen fundamentalmente dos consecuencias inmediatas y muy perjudiciales: violencia y corrupción.

En tercer lugar, se nos impide el aprendizaje del uso de la sustancia. Estando liberalizada, por orden espontaneo aprendemos por prueba y error cómo debemos de comportarnos en relación con las drogas. En un orden de libertad, la mayor parte de las personas lo aprenderíamos, esto estimularía favorablemente el sentido de auto-responsabilidad entre los individuos, y los pocos que no aprendieran, pues no fueran tratados como criminales sino como enfermos. De hecho, esto se puede constatar. Lugares donde culturalmente es aceptado consumir cierto tipo de sustancias, se aprende a comportarse en relación a ellas, gran parte del cuerpo social logra internalizar el debido uso de la sustancia, consumiéndola en situaciones especiales y la cantidad correcta, como por ejemplo, el vino en el mediterráneo; y donde pasa la situación contraria (de rechazo cultural ante una sustancia) pues, lógicamente la consecuencia es opuesta, porque las personas, en algún punto, en cierto grado, dependiendo de los rasgos personales de cada uno y aunque sea de una forma inconsciente, mecanizan, interiorizan, naturalizan ciertos comportamientos en relación y en reacción a cómo interactúa con todo su entorno social, esto automatiza de algún modo rasgos característicos (buenos o malos) de la cultura, en este caso con relación al uso y consumo de las drogas. El sociólogo francés Pierre Bourdieu le llamaba a esto “habitus”.

Otro gran ejemplo de esto es con relación al alcohol. En Estados Unidos hubo ley seca entre 1920 y 1933; estaba prohibido beber alcohol. Durante la década de 1920 la opinión pública dio un giro, y la gente decidió que había sido peor el remedio que la enfermedad. El consumo de alcohol no sólo subsistió, sino que ahora continuaba de forma clandestina y bajo el control de feroces mafias. En vez de resolver problemas sociales tales como la delincuencia, la Ley Seca había llevado el crimen organizado a sus niveles más elevados de actividad como nunca antes se había percibido en los EEUU. Antes de la prohibición había 4.000 reclusos en todas las prisiones federales, pero en 1932 había 26.859 presidiarios, síntoma que la delincuencia común había crecido gravemente, en vez de disminuir. El gobierno federal gastaba absurdamente enormes cantidades de dinero tratando de forzar la obediencia a la Ley Seca, pero la corrupción de las autoridades locales y el rechazo de las masas a la prohibición (demostrada por el hecho que el consumo no disminuía) hacían más impopular sostener la Ley Seca. Incluso hay una película llamada "los intocables" para que consten esto; donde muestran lo que se vivía en esa época, y todo lo que se corrompía y destruía la sociedad por una ley tan absurda como la del alcohol ilegal, tal como sucede hoy con las drogas. Una vez se legalizó el alcohol, esos problemas se acabaron y espontáneamente la mayoría hemos aprendido a beber alcohol; los resultados están ante nuestros ojos; y no por eso hay toda una legión de ciudadanos y/o políticos buscando ilegalizar el alcohol, a pesar de que también el alcohol es muy dañino. Además los alcohólicos tienen sus sitios especiales donde pueden buscar ayuda para salir de la adicción como "alcohólicos anónimos".

En cuarto y último lugar, otra consecuencia de la prohibición es que bloquea el que es tal vez el mayor y mejor atributo del ser humano: su mente creativa. Quiero decir con esto, que estando liberalizada las drogas, habría un esfuerzo importante de intentar encontrar, descubrir, crear nuevas sustancias que tuvieran los mismos efectos inmediatos que las drogas, pero sin las consecuencias negativas como de dependencia psicológica, física etc. No se puede experimentar con nuevas sustancias, salvo en laboratorios clandestinos. Esto es el resultado del convencimiento al que parece que nos indujeron los gobiernos. Nos lograron convencer de que los seres humanos somos muy defectuosos, que somos torpes y que si no nos controlan terminaremos autodestruyéndonos. Juzgarán ustedes si esto es cierto. Pero, aun aceptándolo a efectos dialécticos, los que nos “controlan” también son seres humanos, entonces qué los hace pensar arrogantemente que ellos (los gobernantes) saben más que nosotros (los ciudadanos de a pie) qué podemos ingerir y qué no, y que con mandatos coactivos sobre la vida privada se solucionará.

Es indignante y estúpido, la lucha contra las drogas es una lucha perdida. Se destruyen y se corrompen autoridades, familias, drogadictos, productores etc. Se persigue, se hostiga, se controla infructuosamente el cuerpo criminal de las drogas ilícitas cuando la solución parece tan sencilla. En vez de proteger la vida, la propiedad, en esencia, proteger los derechos de los individuos sólo cuando son violados por otro individuo. Hay asuntos muchos más importantes por los que ocuparse.

El premio Nobel en Economía de 1992, Gary Becker, incluso sostiene que la legalización reduciría la drogadicción. Bajo la prohibición, los incentivos para el adicto de buscar ayuda se reducen, pues tiene que esconderse de las autoridades. Las posibilidades de ofrecer ayuda también se reducen, con el resultado de que los drogadictos tienden a asociarse con otros adictos. Eso cambiaría con la legalización, ya que habría más oportunidades de ayuda, como es el caso de Alcohólicos Anónimos, por ejemplo. Tal vez podría haber más consumidores, pero el problema de abuso muy probablemente caería. No nos tenemos que quedar en la teoría. Portugal despenalizó todas las drogas en el 2001. El consumo de estupefacientes no se disparó; es comparable o más bajo que el del resto de la Unión Europea donde predominan políticas más prohibicionistas. La cantidad de adictos portugueses buscando ayuda se triplicó en la última década.

La legalización también ayudaría al cultivador de la planta, que vería su cultivo como una legítima actividad agraria y económica. Esto maximizaría la actividad económica, generaría división del trabajo, además de que espontáneamente las escandalosas sumas de dinero que tienen los mafiosos se esparcirían por el mercado. El productor tendría contacto directo con el usuario y eliminaría al intermediario, quien actualmente desempeña un papel ilegal.

Pero es que a pesar de todo lo que se pueda decir sobre este tema, como decir de cuáles son los efectos de la droga en el cuerpo, de decir cómo afectará esto a la economía, y todos nos rasguemos las vestiduras discutiendo bajo estos parámetros; creo que el argumento más importante, relevante y definitivo para legalizar las drogas es mi argumento moral, que traté un poco al principio, y ahora aquí al final, lo redondearé.

Otro punto es que muchas otras personas que están en contra de la legalización piensan que le están haciendo un enorme bien a la humanidad, y se cubren bajo una enorme manta de supuesta bondad y nobleza bajo el slogan de: "por tu propio bien", arguyendo las incontables consecuencias dañinas para la salud que causa esta hierva; pues no, eso no es ni bondadoso ni noble, es perverso e inmoral, ¿por qué? Porque como dije al principio, estas personas creen que está justificado el iniciar el uso de la fuerza si es para beneficiar a la víctima, de que es para evitar que las personas se hagan daño a sí mismas. No, ese argumento concede una premisa falsa; el uso de la fuerza nunca beneficia a la víctima. La tarea del gobierno no es proteger al individuo de sí mismo. Ahora bien, admitiendo el principio de que compete al gobierno proteger al individuo contra su propia necedad, no cabe oponer ya objeciones serias a ninguna ulterior intervención estatal, es decir, ya no sería sorprendente el esperarse que estas personas y gobernantes sigan en su afán de ilegalizar cualquier cosa que arbitrariamente crean que sea un perjuicio para la ciudadanía. Y este es el problema al que nos ha llevado el hecho de que hallamos permitido que el estado se haya metido hasta tan al fondo en nuestras vidas y asuntos privados, y así el clima político del país se ha convertido en una batalla campal entre pandillas e individuos queriendo llegar al poder para imponer por la fuerza sus particulares puntos de vista a todos los demás. Bien, pues esto es abominable, seguir pensando en pleno siglo XXI que el contexto político es como una arena de batalla, y que la sociedad es como una tribu primitiva donde lo que quieren hacer todos es subirse al poder, pararse al frente del pueblo, y decir algo tan absurdo como: "he llegado al poder, tengo que cuidarlos a todos como una niñera, así que he decidido que nadie puede ingerir ningún tipo de droga" y Pum! se los impongo por la fuerza. Este es un claro ejemplo del pragmatismo y la irracionalidad en la que estamos inmersos, ya no se actúa por principios, es un comportamiento muy amoral.

Para el hombre, los valores es propósitos; un valor requiere un cierto estado cognitivo por parte de un evaluador. Consideren el valor de la vida misma. Si alguien ha decidido, por ejemplo, seriamente poner fin a su vida, ¿es un “valor” para él el que otros le obliguen por la fuerza a mantenerse vivo? Si le atan contra su voluntad, le alimentan por vía intravenosa, etc., ¿él está de alguna forma “beneficiándose”? Obviamente no. Si ha llegado a la conclusión de que la vida no es un valor para él, la vida no puede ser transformada por la fuerza en un valor. Da igual si la elección de la víctima es racional o irracional: el bien no puede ser logrado forzando la mente. La esencia del bien es el uso de la mente de uno para captar los hechos de la realidad. Un acto irracional es perjudicial porque el actor está decidiendo no enfocar su mente en la realidad. Cuando se le obliga a actuar a punta de pistola, sin embargo, su mente continúa estando igual de desconectada de la realidad. Otro ejemplo: yo no estoy de acuerdo con la religión, y puedo demostrar lo dañina que es, pero no tengo ningún derecho a imponerle al resto de la ciudadanía que no sean religiosos. Si quieren adorar a un árbol o a un poste telefónico, pueden hacerlo libremente. Nunca pondría una ley para impedírselos.

Lo mismo es cierto cuando fuerzas a una persona a dejar de ingerir alguna droga; los efectos físicos de cualquier acción tienen un significado y un valor sólo al estar determinados por las evaluaciones de uno. El bien de uno se logra a través de acción racional. Consumir drogas no es ciertamente una acción muy inteligente, pero tampoco lo es dejar de hacerlo a punta de pistola. Ningún “bien” puede ser logrado forzando a un hombre a actuar en contra de sus propias conclusiones, sean las que sean. Hacer el bien por la fuerza es como regalarle a una persona toda una galería de obras de arte al precio de vendarle los ojos.

El único medio para cambiar los valores de un hombre es la persuasión. Tienes que penetrar su mente para que él voluntariamente capte el hecho de que una vida de drogas es mala para él. Hasta que (y a menos que) seas capaz de hacerlo, no tienes otra forma de lograr su bien.

¿Qué pasaría entonces, (podrían argumentar algunos), si digamos que se legalizan las drogas, todos se pueden drogar, y tengo un vecino drogadicto que me lanza humo a mi casa y a mí eso no me gusta, o ese vecino en sus momentos de traba y viaje me insulta, me molesta, me acosa sexualmente etc..?, ¿O si conduce drogado y hay un riesgo de que se accidente o atropelle a alguien?, ¿Cómo intervendría en esos casos el gobierno si al fin de cuentas son completamente libres?. Es simple: como dije anteriormente, el que tu consumas drogas es tu problema, pero en el momento en que violes los derechos de otros, con o sin drogas, en ese momento sería obligación del gobierno interferir y detener la acción criminal. Tal como sucede con el alcohol, que es también prohibir conducir drogado, pues está poniendo en riesgo la vida de otros ciudadanos.

Dentro del marco de los derechos individuales, tu libertad es absoluta. Puedes hacer lo que quieras, pero los derechos individuales de cada uno de los ciudadanos, son como una barrera invisible, la cual nadie puede penetrar. Y se supone que es la tarea del gobierno proteger esos derechos y utilizar la fuerza solo como represalia contra aquellos que inician su uso.

Es por estos motivos que apoyo y que estoy completamente convencido de aprobar la ley que legaliza las drogas. Solo utilizando argumentos honestos se podrá vencer esta lucha. Las drogas hoy son ilegales, pero me pregunto y les pregunto a los que quieren que siga siendo ilegal, hasta qué punto y por qué son justificables estas medidas intervencionistas y de control sobre la vida de las personas, y no solo eso, sino desde cuándo resulta que esto es digno de elogiar. Ya demostré lo inmorales que son estas estúpidas reglas, y de esta manera espero que haya un cambio de paradigma en lo que respecta a todos estos temas.

Yo reclamo el derecho moral a vivir TU VIDA sin interferencia de nadie, siempre y cuando no molestes a los demás. Por todo esto le digo: "SI A LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS".

“No son las drogas, sino su prohibición lo que destruye la sociedad”